LA ENCUESTA
La ONU acaba de finalizar la encuesta mas grande de su historia. La pregunta fue: "por favor, diga honestamente: ¿Qué opina de la escasez de alimentos en el resto del mundo?" y los resultados no han podido ser mas desalentadores:
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1. Los europeos no entendieron que significaba "escasez". §
2. los africanos, en general, no sabían que eran "alimentos". §
3. Los argentinos no entendieron que quería decir "por favor". §
4. Los gringos preguntaban que significa "el resto del mundo". §
5. los cubanos pedían que les explicaran que significa "que opina". §
6. Y en México, el congreso de la unión asta hoy, debate sobre que quiere decir "honestamente". Se nos había dicho entre mucha pompa, boato y sin ningún tipo de reparo, que la información nos liberaría, pero su alocada y amarillenta acumulación no hace más que sumirnos, cada vez más, en una gran vorágine de confusión y, por parahójico que parezca, desinformación; ´
Periódicos, revistas, televisión, autopistas de la información (que no tiene nada que ver con una autovía repleta de kioskos de prensa), nos bombaréan con la cotidiana actualidad, en base a la cual, se va conformando, primordialmente, nuestra visión, verdadera o no, del mundo: pero en nuestro fuero más interno nos sentimos abrumados e incapaces de poder asumir tanta información en tan corto periodo de tiempo.
Sobre el lejano horixonte de nuestras aspiraciones ondéan, casi siempre, los mismos crematísticos propósitos: el crecimiemto anual del producto bruto mundial y las metas económicas impuestas, con más o menos vaselina, por el Fondo Monetario Internacional, el G8, y los poferes fácticos.
La falsa idea de progreso, entendida como la constante acumulución de capital, aunque se deje detràs todo un reguero de cadáveres, nos arrebata las auténticas posibilidades en el desarrollo del resto de los campos creadores, obligándonos a tener fe en la engañosa ilusión de que avanzamos. Y en cierto modo es verdad: algunos paises superan con creces las previstas metas de expansión económica; se consume más, se desperdicia más... y éste parece ser el objetivo principal de nuestra civilización. Cuanto mayor es el grado de indiferncia se es más egoista pero, por encima de la frialdad de los datos, quisiéramos saber en que nivel se encuentra nuestro desarrollo ético y moral.
Hay una gran riqueza que no se expkesa en los números pero qie es, en definitiva, el fiel de la balanza y la medida precisa de nuestro desarrollo. La indiferencia y el pasotismo ante cuañquier suceso digno de reparo, revelan el enorme estado de pobreza y la cotización, a la baja, del que debería ser y constituir nuestro ineludibrle norte: ser cada vez mejores y más solidadrios.